Un año sin avances y abajo


El coste de retrasar los acuerdos negociados

Una nueva etapa

En junio y septiembre de 2025, ANPE-Madrid manifestó su disposición a firmar el Acuerdo de Permisos y licencias negociado en el seno de la Mesa Sectorial. Sin embargo, otras organizaciones intentaron, sin éxito, utilizar este Acuerdo como herramienta de negociación.  Parece contradictorio negarse a avanzar en derechos como método de presión.

Retrasar la firma del acuerdo tuvo consecuencias. La primera es evidente. Ha pasado un año y los docentes no han podido beneficiarse de derechos y mejoras laborales que ya estaban negociados. Cada mes de retraso es un mes perdido para la conciliación familiar, para la organización de la vida personal y para unas condiciones laborales algo más favorables.

Pero existe una segunda consecuencia por lo menos igual de importante, pero menos evidente.

Las negociaciones no son compartimentos estancos. Forman parte de una secuencia. Cada acuerdo cerrado permite abrir la siguiente negociación.

Cuando una negociación permanece bloqueada durante meses, también se retrasa todo lo que viene después.

Y eso es especialmente relevante en el momento actual.

Durante años, el coste de la vivienda, los alquileres y el coste general de la vida en Madrid han crecido a un ritmo superior al de las retribuciones docentes

Los permisos y licencias son importantes. La reducción de horas lectivas es importante. Pero el principal desafío que afronta hoy la educación madrileña es otro: la pérdida continuada de poder adquisitivo del profesorado.

Durante años, el coste de la vivienda, los alquileres y el coste general de la vida en Madrid han crecido a un ritmo superior al de las retribuciones docentes.

ANPE-Madrid llevaba tiempo intentando trasladar el foco de la negociación hacia el terreno retributivo. La Guía de Retribuciones de ANPE-Madrid, que presentamos al anterior consejero, era un informe sobre la inflación, el coste de la vida y las retribuciones de los docentes madrileños. Le transmitimos propuestas destinadas a abrir un debate serio sobre la recuperación del poder adquisitivo del profesorado madrileño. Era, necesariamente, el próximo tema que debíamos abordar en la Mesa Sectorial.

Sin embargo, para poder avanzar hacia esa negociación había que cerrar primero la etapa anterior.

Y aquí aparece nuevamente el coste de retrasar acuerdos conseguidos:

  • Un nuevo permiso tiene un coste presupuestario relativamente limitado.
  • Una reducción progresiva de horas lectivas tiene un coste mayor.
  • Pero una recuperación salarial significativa para decenas de miles de docentes supone un esfuerzo presupuestario y político de enorme magnitud.

Precisamente por eso requiere preparación, planificación y una estrategia negociadora sostenida en el tiempo.

Cada mes o en este caso, año, que se tarda en consolidar avances intermedios es un año que se pierde para abordar el problema más importante de la profesión docente madrileña.

Pero vivimos en una época en la que el relato parece haber adquirido más importancia que la realidad relatada. En demasiadas ocasiones da la impresión de que importa más parecer que hacer, más transmitir una imagen de conflicto permanente que obtener mejoras concretas para los trabajadores.

Las redes sociales, los titulares y la comunicación inmediata han favorecido una dinámica en la que la visibilidad se confunde con la eficacia. Las movilizaciones se valoran por las fotografías que generan. Las campañas por su capacidad de ocupar espacio público.

Sin embargo, la función de una organización sindical no es construir relatos. Es conseguir resultados.

La movilización, la protesta, la huelga pueden ser necesarias, pero ninguna de ellas constituye un fin en sí misma. Son instrumentos al servicio de unos objetivos concretos.

Cuando los medios se convierten en el objetivo, existe el riesgo de confundir actividad con eficacia. Puede haber más comunicados, más concentraciones, más presencia pública y más confrontación aparente sin que ello se traduzca necesariamente en avances reales para el profesorado.

La huelga es un derecho fundamental y una herramienta legítima de presión sindical de gran valor. Nadie debería cuestionar eso.

Precisamente porque es una herramienta tan importante conviene utilizarla cuando se han agotado previamente todas las posibilidades de negociación y cuando existe una estrategia clara sobre qué se pretende conseguir y cómo se pretende conseguir.

El objetivo final debería ser construir una estrategia capaz de mejorar de manera efectiva las condiciones de trabajo del profesorado madrileño

Una huelga indefinida exige sacrificios económicos y personales muy importantes por parte del profesorado. Por ello, antes de pedir ese esfuerzo a miles de docentes, parece razonable haber agotado previamente todas las herramientas negociadoras disponibles y haber consolidado los acuerdos que ya se encontraban sobre la mesa.

El objetivo final debería ser construir una estrategia capaz de mejorar de manera efectiva las condiciones de trabajo del profesorado madrileño. ANPE-Madrid considera que debe utilizar todas sus herramientas de negociación antes de pedir a quienes representa que realicen un esfuerzo económico tan importante. 

Y esa estrategia pasa necesariamente por firmar los acuerdos pendientes, y abrir cuanto antes la negociación verdaderamente decisiva para el futuro de la profesión: la recuperación del poder adquisitivo de los docentes en una de las regiones con mayor coste de vida de España.

La huelga no es una estrategia; es una herramienta. La estrategia consiste en conseguir resultados.