Hemos visitado…
El Palacio de Fomento

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EL 18 de mayo, un grupo de afiliados de ANPE-Madrid realizamos una visita teatralizada para descubrir uno de los espléndidos edificios que atesora Madrid: el Palacio de Fomento. Actual sede del Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, se trata de un edificio emblemático cuya arquitectura e historia son parte del patrimonio madrileño

El edificio, situado en el Paseo de la Infanta Isabel número 1, muy próximo a la estación de Atocha, data de finales del siglo XIX y está catalogado como Bien de Interés Cultural. Su autor es el arquitecto Ricardo Velázquez Bosco, quien siguió las cimentaciones proyectadas por otro arquitecto, Mariano Belmás y Estrada. Inicialmente se concibió para albergar la Escuela de Artes y Oficios, pero poco después pasó a convertirse en Ministerio de Fomento y en el año 1900 la Reina Regente, María Cristina de Habsburgo, incorporó nuevos departamentos, entre los que surge por primera vez en la administración española el de Agricultura.

La visita comenzó con la llegada desde el pasado, entre una densa nube de humo, de Ricardo Velázquez Bosco, el arquitecto que diseñó y construyó el edificio. Descendiendo por la imponente escalinata del recibidor, dos siglos después de su muerte, apareció ante nuestros ojos. Se iniciaba un viaje en el que pasado y presente se fueron mezclando a lo largo de la tarde.

Comenzó explicando que, en el momento de la construcción del Palacio, en el espacio que entonces ocupaba el Huerto del Botánico, los terrenos que lo circundaban constituían el extrarradio de Madrid, unos parajes ocupados casi en su totalidad por los atochares (término que proviene del mozárabe) o campos de esparto. Por esta razón, fueron muchas las críticas que suscitó la elección del lugar para la construcción, puesto que no se entendió bien por parte de los madrileños que se ubicase tan lejos. Sin embargo, la elección del arquitecto, o más bien de la Reina María Cristina, estaba fundamentada en la pretensión de descongestionar el centro de la capital. Madrid contaba por entonces con medio millón de habitantes que convivían diariamente con un trasiego incesante de más de tres mil carruajes tirados por animales, lo que daba lugar a dos problemas para los que se comenzaba a buscar soluciones: uno de “tráfico” y otro de higiene y salud pública, a causa de los excrementos esparcidos por toda la ciudad de caballos, mulas y bueyes.

Ricardo Velázquez nos invitó a subir la escalinata para comenzar la visita, y fue ya en el interior del Palacio cuando, sorpresivamente, apareció otro personaje del pasado, la señorita Elisa, una joven aprendiz de Arte y Arquitectura, alumna del arquitecto, adelantada a su tiempo, de fuerte carácter y reivindicativa de unos derechos de igualdad entre hombres y mujeres extraños e inexistentes en su época. Entre los dos, comenzaron a explicar cómo se concibieron y construyeron las magníficas escaleras que acabábamos de ascender. Más de siete mil metros cúbicos de mármol blanco se transportaron desde Italia y desde Robledo de Chavela para materializar la idea del arquitecto: crear una magnífica luminosidad mediante el reflejo sobre la piedra de una cortina de luz proveniente de la bóveda, actualmente cegada. 

40-Palacio-de-Fomento-3La visita continuó al ritmo marcado por una extraordinaria teatralización en la que los actores, entre bromas, digresiones sobre las costumbres de la época y galantes diálogos sobre el papel de la mujer en la sociedad del siglo XIX, nos fueron explicando todos los detalles del proyecto de construcción, los motivos decorativos y los actuales usos de las diferentes estancias.

 Especial curiosidad nos despertó el actual despacho del ministro de Fomento, anexo a la Sala de recepciones, un gran salón presidido por una imponente mesa ovalada para reuniones, hoy conocida como sala de los micrófonos. En su tiempo, la estancia estuvo provista de magníficos estucos, frisos y molduras, que fueron suprimidos a mediados del siglo XX debido a la influencia de la llamada “arquitectura funcional”. No obstante, de aquel esplendor quedan todavía unas columnas jónicas rematadas en jade y un tapiz del siglo XVIII que representa a Ciro salvando a Creso de la hoguera.

Acompañando a Ricardo Velázquez y a la señorita Elisa, llegamos a la galería de los retratos. En las paredes del larguísimo y ancho pasillo se exponen las pinturas y fotografías de todos los ministros que ocuparon el Palacio. Destacan las de Juan de Dios Álvarez Mendizábal, político liberal que se convirtió en el principal protagonista de la Revolución liberal española y artífice de la desamortización de 1836; de José María de Salamanca y Mayol, primer marqués de Salamanca, influyente estadista, destacada figura aristócrata y social y hombre de negocios que dio nombre al actual barrio madrileño, o de Luis Marichalar y Monreal, político conservador que fue alcalde de Madrid y ministro de Guerra y de Fomento.

Los actores fueron reconstruyendo, a partir de los comentarios sobre cada uno de los personajes y su tiempo, la historia arquitectónica, política y social de Madrid, desde el final del agónico imperio colonial hasta la actualidad. La última etapa de la visita se centró en el gran lucernario construido con cristal y hierro, forjado en los Altos Hornos de Vizcaya y cuyo diseño, al parecer, inspiró el de las célebres entradas de las bocas de metro de París, realizadas a partir de 1899. O al menos así nos lo contaron, minutos antes de regresar al pasado, Ricardo Velázquez y la señorita Elisa, que aquella misma noche se fugaba a la capital del Sena con un enamorado y joven arquitecto francés, huyendo de un matrimonio de conveniencia impuesto por su padre.