Francisco Melcón Beltrán,
ex presidente de ANPE-Madrid

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Andrés Cebrián del Arco
Presidente de ANPE-Madrid

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EL pasado 3 de marzo, Francisco Melcón Beltrán dejó la presidencia de ANPE-Madrid tras ocho años de gestión al frente del sindicato, más otros tantos como miembro del Secretariado Permanente.

Han sido años duros, complicados, marcados por la crisis, los recortes y las movilizaciones. Un peligroso cóctel que, sin duda, podría haber hecho mella en la Organización, pero gracias a su acertada dirección no ha sido así. Al contrario, se va dejando un sindicato renovado y más fuerte que nunca.

Presidir una organización como ANPE-Madrid supone una enorme responsabilidad y conlleva dedicación plena –lo digo con conocimiento de causa, a punto de cumplir mis primeros cien días en el cargo–, pero esto nunca ha sido un problema para Paco. En una mesa de negociación con la Administración o en una interminable reunión intersindical o dando un mitin en la Puerta del Sol, él siempre transmitía una casi contagiosa sensación de seguridad, de tenerlo todo bajo control y de saber lo que estaba haciendo en cada momento.

Paco ha demostrado tener un talento especial para el sindicalismo. Ha defendido con vehemencia los postulados de ANPE en todos los foros en los que ha estado presente y se ha sabido ganar el reconocimiento del profesorado madrileño, de los afiliados, de los delegados con los que ha trabajado, del resto de sindicatos y de la Administración.

Le agradezco todos y cada uno de los consejos que me ha regalado. He aprendido mucho de todos los compañeros con los que he trabajado en ANPE, pero especialmente de él. Ha sido y será siempre un buen maestro, un brillante sindicalista, un magnífico presidente y una extraordinaria persona.

Estoy convencido de que seguirá aportándonos sus ideas y que, desde la madurez y la experiencia, continuará siendo un referente para todos nosotros. Pronto dejará la vida laboral activa para disfrutar de la familia y del merecido descanso. Puede estar seguro de irse con la satisfacción y el orgullo del deber cumplido. ¡Gracias, amigo!