La pandemia, la Educación y las consecuencias
de estar en manos de políticos

Carolina

 

 

Carolina Fernández del Pino Vidal
Vicepresidenta de ANPE-Madrid

 

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Españolito que vienes
al mundo te guarde Dios.
Una de las dos Españas
ha de helarte el corazón.

Antonio Machado

Discrepo con el gran Antonio Machado. A mí me han helado el corazón las dos Españas, por no decir las 17 que existen. Estoy segura de que este sentimiento lo comparten muchos. Nos han helado los corazones, no una de las dos Españas, sino los políticos que supuestamente nos representan.

El espectáculo nacional que hemos presenciado con la gestión de la pandemia ha hecho más dolorosamente claro que los españoles estamos en manos de intereses encontrados y que todos los partidos, ocupados principalmente en sus pujas políticas y luchas de poder, han dejado de lado, hace ya tiempo, lo que debería ser su principal ocupación: el bienestar de los ciudadanos.

Viendo un debate sobre la pandemia en el que participaban solo médicos de reconocido prestigio por sus carreras profesionales dentro de la sanidad –no por ser amigos de algún que otro partido político–, caí en la cuenta de que los grandes escollos con los que se estaban enfrentando podrían aplicarse a la educación.

Recojo algunas afirmaciones que hicieron.

 

La ciencia debe imperar sobre cualquier otro criterio

Si no hay liderazgo,
no hay confianza 

¿Es posible que algo tan obvio se ponga en cuestión? Evidentemente, en nuestro país la respuesta es “sí”. No ha existido un comité de expertos. Sin ningún rubor, así lo han reconocido. La composición de este comité de expertos para una pandemia mundial fue un secreto de Estado y ahora parece ser que, en última instancia, decidía un filósofo. Pero aún no tengo claro si hubo y, si así fue, en base a qué criterios actuaron. 

Es verdad que esta pandemia tiene desconcertados hasta a los médicos y científicos, pero desde luego sus conocimientos no son comparables con los de los políticos y suelen mentir menos. En el debate, los médicos que participaron, cada vez que otro hablaba, asentían. Sobre el planteamiento de uno añadían comentarios o salvedades, pero en lo esencial estaban de acuerdo en cómo atajar la expansión del virus. ¿Por qué no existe un comité de verdaderos expertos, con experiencia demostrable, para guiarnos por este campo minado?

Las últimas reformas educativas han sido diseñadas a espaldas no solo de la realidad sino de expertos, entre los cuales debería haber profesores de aula. Cambian palabras, se inventan conceptos, idean proyectos educativos imposibles de implantar e imponen reformas con el único objetivo de dejar claro que “yo he estado aquí”. Reformas educativas carentes de ciencia y pensadas para cambiar el ayer en vez de afrontar el hoy y el mañana.

En un encuentro donde se analizaba la FP Dual, representantes del mundo empresarial transmitían que una de las carencias que encontraban en el sistema educativo era que los alumnos llegaban a las empresas con falta de habilidades sociales. Les costaba trabajar en equipo, respetar las normas, entender el orden de jerarquía y comunicarse de forma adecuada. 

Si en algo se han empeñado nuestros pseudoexpertos de la educación ha sido en enseñar valores transversales, educación global de la persona, educación en actitudes, etc. Vaya, va a ser que hasta en eso han fracasado. No digamos ya si nos comparamos con otros países en áreas tan tradicionales como matemáticas y lengua. En la historia para qué entrar, viviendo en un país de 17 reinos de taifas. 

 

Ruido

La politización de la pandemia refleja la politización que ha
invadido toda nuestra sociedad

Curiosamente, los médicos enfatizaron la necesidad de que los políticos dejasen de hacer “ruido”. De forma muy contundente, todos dejaron claro que para afrontar la pandemia necesitaban concentrarse en implementar medidas, intercambiar experiencias, centrarse en los resultados y modificar las intervenciones dependiendo de la evolución. Cualquiera que se haya enfrentado a una tarea de cierta dificultad, sea intelectual o física, diría que esto es obvio. Pero como sociedad nuestros dirigentes nos distraen con el “ruido” que producen pelándose entre sí o dedicándose a cosas que a la gran mayoría nos traen al pairo en estos momentos. Lo que nos importa es sobrevivir, tanto a nivdeel sanitario como económico. Todo lo demás debería postergarse hasta que hayamos superado esta pandemia mundial. En otras palabras: por favor, échense a un lado y dejen trabajar a los expertos.

Si esto lo trasladamos al ámbito educativo, podemos preguntarnos: ¿en qué cabeza cabe que se plantee una reforma educativa en estos momentos? En ninguna pensante, lo que nos lleva a concluir que la están utilizando como maniobra de distracción y esto deja bien claro lo poco que les importa y su escaso respeto por la ciudadanía. 

En cualquier situación, una reforma educativa que no esté pactada evidencia una ineptitud y una falta de respeto democrático tremendas. La educación no es propiedad de un partido ni de dos. Es un pilar de cualquier sociedad y, como tal, debe ser desarrollada por expertos cuyo objetivo sea lograr que nuestros hijos alcancen una preparación adecuada para el futuro.
Woody Allen dijo: “Me interesa el futuro porque es donde voy a pasar el resto de mi vida”. Pues a ver si podemos algún día tener una reforma educativa para el futuro y no para el pasado o para mayor gloria de un partido político. 

 

Prevención versus improvisación

Todos los médicos estaban de acuerdo en que las medidas que se están tomando llegan tarde. Por lo que entendí, resulta más efectivo controlar la pretransmisión que la infección. Y que esto se podría haber hecho en junio. Si se hubiesen hecho test entonces, con los correspondientes rastreos y confinamientos puntuales de forma extensiva y rigurosa, no estaríamos enfrentándonos otra vez a confinamientos de localidades y comunidades. Dicho de otra forma, hay que actuar antes previendo la situación y no responder cuando ya tenemos el problema encima.

El inicio de curso ha sido muy complicado. Los equipos directivos y los docentes estaban abrumados preparando la llegada de los alumnos. Es verdad que la Consejería ha hecho un gran esfuerzo para aumentar el número de docentes y espacios, pero ¿no se podría haber planificado con más previsión? En julio, contra todo pronóstico seguimos oyendo que íbamos a volver con normalidad a las aulas. Parecía que los escenarios II y III eran los menos probables. Se ha hecho todo con precipitación, improvisando y arreglando los problemas como se puede a medida que surgen. Y esto en gran medida gracias a los docentes, equipos directivos y el personal de las DAT y Direcciones Generales.

La realidad es tozuda y no hace caso a los deseos de los políticos. Todos queríamos refugiarnos en la esperanza de que este virus iba a desaparecer como por arte de magia. Pero los líderes no se pueden permitir estos lujos. Los médicos lo sabían. ¿Por qué no se enteraron ellos?

 

Liderazgo, confianza y medidas

Si no hay liderazgo no hay confianza y, sin esta, las medidas que se impongan nos las saltaremos. Ante el espectáculo tan bochornoso que están dando los políticos, los ciudadanos seguimos con nuestra vida y, a falta de confianza en que las medidas que se toman se basen en criterios científicos, surge la tendencia de “sálvese quien pueda”. Más claro, el agua. 

No confiamos en nuestros dirigentes y los médicos del debate dejaron claro que entendían que la falta de liderazgo tiene como consecuencia que los ciudadanos no respeten las medidas, porque no se fían de que valgan para algo. Añadieron que la falta de criterios comunes a nivel nacional debilitaba el sistema. Llegaron incluso a pedir que se unificaran los criterios y medidas a nivel europeo. 

En una situación tan caótica y preocupante por sus efectos sobre la salud y sobre nuestra economía, ¿cómo se nos va a pedir que confiemos en personas sin formación sanitaria? No solo es que no estén tomando en cuenta los conocimientos de los expertos con años de experiencia, sino que se atreven a decirnos que saben algo sobre nuestra realidad cotidiana, que no nos preocupemos, que ellos son muy sensibles a nuestras necesidades.

Igualito que en educación. Reforman nuestro sistema educativo, pero llevan a sus hijos a centros privados. 

El otro día en un debate de RTVE dije que ya era hora de que sacaran la política de la educación y alguien me contestó que “todo es política”. El cáncer no se cura con política, mi nevera no se arregla con política y los alumnos no necesitan la política para aprender a leer o resolver derivadas; necesitan maestros y profesores.

La politización de la pandemia refleja la politización que ha invadido toda nuestra sociedad y hasta que no consigamos que nuestros representantes se ocupen del bienestar de los ciudadanos, en vez de procurar la preponderancia de sus partidos, este barco que se llama España seguirá a la deriva, y los ciudadanos invadidos por un malestar causado por la inseguridad y la desconfianza. Y no es que tendremos el corazón partido entre dos Españas; lo tendremos en vilo por la única que existe: la de todos.

 

 

¿Por qué no hay suficientes profesores,
médicos y enfermeros?
 

Desde hace años estamos viviendo una diáspora de nuestros profesionales. Migran a otros lugares donde se les reconoce su valía no solo con retribuciones y condiciones laborales adecuadas, sino también con la posibilidad de avanzar en su carrera profesional. 

  • No se puede maltratar a los profesionales y esperar que estén a tu disposición cuando los necesitas.
  • Se racanea en sueldos y recursos para luego despilfarrar en una multitud de gastos sin sentido, destinados a mantener contenta a la clase política.
  • A corto plazo esto ya no tiene remedio, pero las administraciones deberían tomar nota y modificar su comportamiento para el futuro, ya que la competencia para disponer de buenos profesionales irá en aumento en los próximos años.